miércoles, 30 de septiembre de 2015

40. Dos amigos


"Manolo". 61x50



Hace por ahora treinta y cuatro años, un quince de octubre, me licenciaron del servicio militar. No sé si realmente éste hizo muchas cosas positivas por mí, creo que más de las que ahora puedo recordar, ni si, la posible milonga que solían soltarnos los mandos instructores, me convirtió en un hombre hecho y derecho tras haber entrado en aquel "reformatorio" como niño. Un año de mili en la Base Aérea de Matacán fue el tiempo exacto que cedí de mi existencia. Como buen camastrón, se me hizo especialmente duro, no por otra cosa, sino por los madrugones que había que pegarse, tanto para izar la bandera después del estridente toque de retreta, como posteriormente, una vez conseguido el pase de pernocta, para llegar a tiempo desde Salamanca en mi lento Citroën 2 CV en invierno y alegre en verano, a mi puesto de destino, por entonces llamado taller de electrónica. Destino que estaba repleto de buena gente y de buen rollo, donde y de mucho tiempo libre, la gran mayoría de ellos civiles, salvo el teniente Cuervo que comandaba el lugar, encargados de reparar los aparatos electrónicos que llegaban con anomalías procedentes de los aviones de la Base.

He de decir que me ocurrieron multitud de peripecias y altercados, y que tengo muchas historietas y anécdotas de aquel año con las que pienso algún día martirizar a quien quiera leerlas, aunque no todas ellas fueron divertidas o agradables; allí viví el acontecimiento triste del fallecimiento por accidente de un gran amigo de la infancia, padecía el susto de El Golpe de Estado del 23F y alguno más. El tiempo se ha encargado hacer más llevadero todo lo malo y de convertir las anécdotas y trastadas en aventurillas divertidas.

Por tanto yo no puedo decir que aquel año fuera tiempo perdido ni un periodo que tenga que olvidar, más bien al contrario, hoy mi vida no sería la misma ni probablemente se parecería en nada a la actual si no hubiera estado allí.

"Fernando". 61x50
No voy a entrar en detalles ni a contar batallitas que suelen aburrir al personal, de momento, sólo decir quiero que en aquel año justo de mi vida conocí a muchos compañeros que se hicieron amigos, de unos no supe nada más, de otros me acuerdo mucho, a otros los veo de vez en cuando y charlamos un rato corto para actualizar datos y a otros me los quedé para compartir toda la vida, a saber, Manolo y Fernando. Al primero lo conocí a través del segundo, el cual conocía de algo al primero, pero no me acuerdo ahora de qué, y al segundo lo conocía yo del Instituto Fray Luis de León, donde coincidimos en los curso de Tercero de BUP y en COU, por tanto al primero lo conocía en la mili mismo, si mi memoria cincuentona no me falla. 

Desde el primer momento miliciano hasta hoy no hemos dejado de ser amigos inseparables, nos vemos a menudo, salimos, cenamos, hacemos excursiones, nos reímos, discutimos poco, compartimos penas... en fin, hacemos lo que cualquier grupo de buenos amigos hace. Nuestras mujeres son amigas también entre ellas, nuestras casas son de todos, hemos ido a nuestras bodas, a las propias por descontado, e incluso hemos compartido viaje de luna de miel, hemos visto nacer y crecer a los hijos, alguno de ellos ya casadero, y hemos sido felices juntos... ya comeremos perdices cuando cuadre. Lo mejor de todo es que esto tiene toda la pinta de que vamos a seguir compartiendo nuestras vidas para siempre. Espero no tener que jugar a la petanca con ellos cuando nos jubilemos, que esto va por ese camino, por si acaso, pongo ya una excusa... tengo de vez en cuando pinzamientos del nervio ciático en la zona lumbar.

A cambio de un año cedido a España he conseguido dos vidas que viajan conmigo con todo su equipaje para la eternidad. Por eso y por algunas cosas más no menos importantes, es fácil que aquellos doce justos meses fueran de los más provechosos que haya tenido.

Por ellos y para mi, decidí "inmortalizarlos" en estos dos lienzos.