viernes, 9 de diciembre de 2011

6. Asturias


"Cantábrico Azul" 
Óleo sobre lienzo. 100x81 cm.
De Asturias, mi segunda patria, me he autoproclamado embajador honorífico sin medalla, ni diploma ni reconocimiento, con creérmelo me vale, y no es porque presuma de nada, sólo he contado al que se tercie lo que he visto y vivido de forma más o menos fervorosa. Muchas veces he conseguido a base de sólidos argumentos y verdades siempre, relatando mis propias experiencias y aplicando mis escasas dotes persuasivas, que muchos amigos y familiares hayan visitado y disfrutado de tantas cosas interesantes que ofrece esa tierra tricolor y que yo previamente lo había hecho. También he conseguido casi siempre que le tomen cierto cariño y visiten de vez en cuando la larguirucha silueta de su costa, unas veces abrupta y hostil y otras lisa y hospitalaria, a sus dispersas pacientes ermitas, a sus tranquilos pueblos donde la modernidad sólo ha asomado la nariz, a esas ciudades llenas de sidrerías y de gentes que usan más de lo normal los diminutivos, a su sana gastronomía, a sus caminos de paz y trinos, a tanto mar como uno pueda imaginarse y a la alfombra verde que por doquier se extiende. 



"Cantábrico" 
Óleo sobre lienzo. 100x81 cm.
Hay recuerdos que se graban a fuego en la memoria y que nos traemos a casa después, al volver, de haber conocido nuevos lugares, sin duda algunos de esos recuerdos son los relacionados con la comida que nos ha gustado. Cuando pensamos en un destino que hemos visitado solemos emparejarlo con lo que allí comimos. Al instante de mencionar o pensar en aquel lugar las papilas gustativas y las glándulas salivares, engañadas por posibles o falsas promesas del cerebro, se preparan para hacer su trabajo sin que en realidad lo vayan a hacer, pero sólo el hecho de recordar las viandas que allí devoramos, las pone en guardia. Aquel dulce y cremoso arroz con leche, o aquel arroz con bugre, la sidrina fresquita recién escanciada, las fabes con su compango ahumado, el poderoso pote que quita hasta el escalofrío, el pixín, las andaricas, el paté de cabracho, el quesu cabrales, los frixuelos... En fin, de Asturias sólo podemos traernos imborrables recuerdos de ese tipo que nos malmeten para que empecemos a planificar el próximo viaje. Con estos argumentos y los que vienen después a la fuerza tengo que ser convincente.
                                            

De esta tierra que tantas veces he visitado en vacaciones, puentes o fines de semana, tengo especial predilección por la costa central y oriental: Villaviciosa, Tazones, Colunga, Lastres, La Isla, Ribadesella; playas de Rodiles, La Espasa, La Griega, La Vega... Ya he perdido la cuenta de las veces que allí he estado y de los centenares de litros de sidra que habrán filtrado mis riñones a base de miles de culines calcaus rotos en el borde del vaso y de cuantas carcajadas y buenos ratos, en buena compañía siempre, habré pasado por culpa de ella. Con su baja graduación consigue lentamente que los corazones se alegren, que las lenguas se desaten, que el diálogo, las risas y las bromas fluyan, como si los axones de las neuronas se hubieran engrasado dando más libertad a la agilidad mental.


"Villaviciosa" 
Óleo sobre lienzo. 70x70 cm.

A "La Villa", como llaman por allí a Villaviciosa, esa pequeña y elegante ciudad, capital de la comarca de la sidra, le dedico el cuadro del sombrero que parece que derrama unas manzanas, que es copia de una escultura, en bronce si no recuerdo mal, expuesta en un bonito parque de la localidad. También podría dedicarle, y no quiero parecer melindroso, el cuadro de la barca del pescador que titulo "La Ría". Pequeña nave anclada en el fango de la ría, cerca de la playa de Rodiles, cuando la bajamar deja seco y gangrenado ese brazo del mar y permite que los pocos charcos que quedan reflejen en su espejo a esa vieja y coqueta barca que mira de reojo su todavía estilizada silueta antes de echarse un placentero sueño hasta la próxima pleamar. A veces me pongo poético y esto es lo que hay que aguantar.


Curiosamente no empecé a visitar Asturias por las muchas virtudes que tiene y que hasta entonces eran ajenas a mi, de las que yo ahora conozco a fondo y presumo, como ya he dicho, sino porque mi afición a la búsqueda y colección de minerales y fósiles hasta allí me condujo. Me informé, consulté planos, fotografías y leí bastante sobre la afamada, abundante y variada minería que en toda la provincia existió. Pero sobre todo tenía especial interés en la relacionada con la extracción de la fluorita, mineral de allí conocido en el mundo por la variedad de tonalidades y cristalizaciones que se han  encontrado y extraído durante décadas de las minas de Asturias, en su mayoría cerradas para desconsuelo de coleccionistas y aficionados a la geología y a los minerales. Muchas de ellas es arriesgado visitar e incluso casi imposible localizar debido a que la vegetación ha engullido cualquier cicatriz dejada por la industria minera, como si la Tierra se aliara con las plantas y quisiera suturar las heridas que le causaron los barrenos y los picos, y a la vez impedir que nadie vuelva a llevarse esos pequeños tesoros que la geología fabricó pacientemente durante millones de años para esas tierras. 


Villaviciosa coincide en el centro de la mayor parte de los lugares donde existe o existió toda el tipo de minería que yo buscaba, Berbes, Caravia, Loroñe, Villabona, Avilés, Ribadesella... por tanto parecía el mejor punto de partida, equidistante y a la vez cercano, a todos esos lugares que quería visitar e inspeccionar cada centímetro, en los que quería mirar muy atentamente para que no se pasara ningún ejemplar y escarbar un poco, muy someramente, aquí y allá. El tesón y el tiempo fueron dando sus frutos. 

Cuantos paseos y viajes de un lugar para otro por los montes, por las playas, por pésimos caminos y malas carreteras, con buen y mal tiempo; cuanto gasto, también alegrías, desencanto y tiempo perdido porque en no pocas ocasiones no encontramos nada que mereciera la pena. Cuantas visitas a minas donde no apareció nada, algunas tan repetidamente merodeadas por nosotros que nos las conocemos mi mujer y yo como nuestra propia casa.   Pero la persistencia fue dándonos algunas alegrías de vez en cuando, las suficientes para darnos otra inyección de confianza que nos hacía seguir insistiendo en la búsqueda. Entre paciencia, paseos e incursiones fuimos dando con algún que otro ejemplar interesante que nos hacían brincar de alegría, fluoritas azules, moradas, amarillas y blancas, con pirita, con dolomita, cristalizadas en varios sistemas, diversidad de calcitas, baritinas, cuarzos con inclusiones, cinabrio, azabache, etc. 


No me quiero olvidar de los fósiles, que aunque menos famosos y conocidos que los minerales, también se encuentran en estas tierras con frecuencia. Y qué voy a decir de las increíbles pisadas, o icnitas, que los plomizos dinosaurios dejaron en los lodos que se convirtieron en estratos de rocas sedimentarias de muchas zonas costeras de Asturias. Supongo que si los dinosaurios deambulaban por allí era porque ya entonces se comía bien, aunque sidra no creo que bebiesen porque se inventó un poco después, de todas formas tampoco hubieran podido escanciarla.

No quisiera dejar de mencionar El Hotel Carlos I, en Villaviciosa, dirigido por la simpática y dicharachera Suny, el que fuera nuestro primer alojamiento y el de todos los viajes que le siguieron. Nos encanta este pequeño palacete tan bien decorado, en el que, creo, hemos pernoctado en todas y cada una de sus habitaciones. No desmereciendo en absoluto el siempre agradable trato de Suny, de su marido Fernando, aficionado a la astronomía, y de su hija Isabel, hoy amigos todos. 

"Cantos en la Espasa" 
Óleo sobre lienzo". 41x33 cm.
He recorrido Asturias desde Tina Mayor al río Eo y no la doy por terminada. Cada vez que por esos lares fui, nuevos senderos recorrí, pareado, desde el interior como la Ruta del Alba, la del Oso, la del Cares, del Naranco, Las Foces del Río Pendón, ruta de Los Arrudos, del Tabayón del Mongayu, La de los Molinos del Río Profundu, los Lagos de Covadonga y tantas otras, hasta las rutas costeras por Luanco, Candás, Niembru, LLanes, Ribadesella, Arnao-Bayas, Cabo de Peñas, Los Bufones..., las de costa son mis predilectas. En sus guapinas playas  busco algún fósil, canto rodado o cualquier cosa que me parezca interesante mientras paseo y tomo el sol, siempre bien acompañado, repito. Esas playas acariciadas por el refunfuñón y a menudo frío Cantábrico que impide en ocasiones que alguien friolero, como el que escribe, se bañe en él las veces que quisiera, aunque a su vez, ese mar y la latitud impiden que la temperatura media en sus cercanías sea agobiante en época estival sobre todo, haciendo posible cualquier actividad sin que el calor nos martirice. 

Por más que recorro la tierra del orbayo siempre faltan por conocer nuevos bosques, praderas, playas, acantilados, nuevos faros y pueblos llenos de hórreos y de buena gente. Siempre parece que preparar más rutas para el siguiente año será difícil, que no quedarán ya muchas interesantes, pero no es así, al final se acaban las vacaciones, faltan días y sobran rutas, lo que supone quedarse con ganas de volver. Todos los años comentamos que deberíamos ir de vacaciones a nuevos lugares de España que no conocemos, pero cuando llega el momento de decidir ninguno nos parece apropiado, así que lo aplazamos para el año siguiente del siguiente y mientras le damos vueltas, nos vamos a Asturias que es nuestra tierrina preferida. 


"San Salvador de Valdediós" 
Óleos sobre lienzo. 72x50 cm.
Por allá siempre hay nuevos platos típicos que probar, nuevos chígres que visitar para degustar unas sidrinas fresquitas, ermitas románicas en lugares idílicos que desconocía de su existencia o prerrománicas como San Salvador de Valdediós, "el Conventín" como por allí la llaman, mi preferida, hundida en el pequeño valle de Valdediós donde el mundo parece que se ha terminado. Allí lleva más de mil cien años reposando en ese lugar donde no existe el bullicio,donde se inspira una tranquilidad especial, donde la Tierra parece que se ha acercado al cielo y a veces da la impresión, cuando allí se está, que se taponan los oídos igual que cuando se sube un puerto. Tampoco faltará, como tradición de nuestro pequeño grupo, la cita anual con La Santina y D. Pelayo, que siempre nos esperan cobijados del "orbayu" dentro de su coqueta cueva de Covadonga. Covadonga, Covadonga, qué potente palabra parece, retumba desde el paladar hasta la nuca cuando se pronuncia lentamente, como si fuera un mantra. En fin, Asturias no se acaba nunca, o quizás es que tengo poco tiempo para recorrerla... bueno, casi mejor, porque tengo que volver muchas veces y cuando llego otra vez después de bastante tiempo aprecio más lo que me estoy perdiendo. 

Los tres cuadros en los que aparece sólo  el mar y el cielo las hice pensando en el Cantábrico, como si pintara junto a la orilla, con el cielo azul uno, nublado el otro y con "resaca" el tercero, son tres marinas que podría haberlas pintado en una misma mañana, no porque me hubiera dado tiempo, sino porque el clima en Asturias es caprichoso como un niño malcriado al que no se le puede llevar la contraria. Realmente creo que en general el clima no es tan malo ni llueve tanto como muchos piensan, quizás esto no debería decirlo para no dar publicidad, aunque pueda parecer egoísta, pero es que a mi me gusta la tranquilidad, los lugares poco frecuentados y las playas con la amplitud suficiente para colocar la silla y la sombrilla para poderme sentar mirando al mar esperando a que el tiempo pase muy lentamente o mejor que no pase. Y no quisiera que esos lugares que tanto me agradan se transformen en bulliciosos y apelmazados tostaderos. 

Cuando contemplo las tres marinas del Cantábrico me traen a la memoria buenos recuerdos y ganas de volver a sus orillas para pasear por sus playas de un extremo a otro y vuelta a empezar, sintiendo el calorcito del sol. Es una pena que no se haya inventado todavía la teletransportación para poder acercarme en cualquier momento que tenga libre y volver con las pilas cargadas. No me importaría pasar mucho más tiempo allí, con permiso de "les perruques", junto al mar, para pintar con mi caballete de madera y mi vieja paleta, sentado en un taburete plegable sobre la fina arena las mañanas que no llueva y cuando haya poca gente, que me da vergüenza.


No sé exactamente a qué es debido que Asturias produzca ese magnetismo en mi, será la suma de todo lo que he dicho o será también que mi árbol genealógico pueda tener sus ancestrales raíces en aquella tierra, pues Alvarez, mi apellido, significa hijo de Alvar o Alvaro y tiene la raíz más antigua que se conoce procedente de Asturias, por tanto los recuerdos, que los genes se han encargado de esconder, puede que sigan guardados en algún lugar de mi organismo, sólo tendría que saber cómo sacarlos de su escondrijo y leerlos. Esta puede ser una explicación junto con las que ahora desarrollo o todo pueden ser conjeturas, coincidencias y elucubraciones.

A lo mejor combatí, en una vida anterior, junto a D. Pelayo, desde Covadonga, en la primera batalla por la reconquista de España; sería la leche, pero improbable. 


"La Vieja Muela de Tazones" 
Óleo sobre lienzo. 33x24 cm.
He leído en algún sitio que el pueblo donde yo nací, Hinojosa de Duero, formó parte del llamado reino Astur-Leonés. El y sus alrededores fueron repoblados en la Edad Media por astures, gallegos y cántabros. Aquí vuelve a aparecer otra posible relación histórica que la genética no ha olvidado. Y yo además establezco una tercera, que es el acento y las palabras, esto es, en mi pueblo hay un "deje" al final de las frases y sobre todo al formular preguntas que es exclusivo de allí y que es muy parecido al acento que los asturianos tienen y también del norte de León. Además algunas palabras que se utilizan en Hinojosa también son usadas sólo en el norte de España, ejemplo "esperriar", aquí significa salpicar intencionadamente y allí estornudar salpicando, procedente del bable. Seguiré buscando más, parece interesante. Y por último el más que asiduo uso de los diminutivos en las palabras de uso corriente tanto en una zona como en la otra, terminados en ino, ina, ito o ita, sobre todo, aunque en Asturias se utilizan mucho las terminaciones en -ines, -ites, en el plural.


A todo lo dicho añado un fenómeno inconsciente que al parecer todo el mundo ha experimentado, también yo, en ocasiones pocas. Es una sensación que dura un segundo, parecida a un pequeño escalofrío, como si un fantasma pasara por detrás nuestro; esa impresión se produce cuando nos parece haber estado antes en lugares que visitamos por vez primera o la de creer que una situación se repite sin poder recordar el momento, pero que parece que la acabamos de vivir; siempre que ese efecto de vacío ocurre la mente se queda en blanco, nos quedamos pensativos y nos preguntamos qué es lo que ha sucedido, o esto ya me ha ocurrido o yo ya estuve aquí. A estas experiencias se las denomina dèjá vu, en francés, paramnesia en español. Este fenómeno me vino a mi junto al mar, en San Salvador de Valdediós y en Covadonga, que recuerde. 

El mentalista Anthony Blake  decía siempre al final de sus actuaciones: "todo es producto de su imaginación, no le dé más vueltas", pues eso.                                                     ¡PUXA ASTURIES!

"La pintura es el arte de proteger la superficie plana de los daños del clima para exponerla a los daños de la crítica"Ambrose Bierce