lunes, 30 de marzo de 2015

35. Desombracionismo y otras bromas

Publicado por ABC el 25 de enero de 2012.

¿Qué es considerado realmente arte?.

En algún momento de nuestra vida todos nos hemos extrañado del precio alcanzado por algunos cuadros que no solo somos incapaces de interpretar, sino que consideramos feos de solemnidad.
Hay quien piensa que el arte se ha convertido en un negocio en el que lo que importa no es el talento, sino la capacidad de algunos marchantes para especular.
El novelista y editor estadounidense Paul Jordan-Samith lo demostró en 1924, una época en la que las vanguardias vivían su máximo apogeo y las galerías no daban abasto a las peticiones de los nuevos ricos, desconocedores del arte, que solo buscaban la inversión un mundo acotado hasta entonces a intelectuales.
En este terreno abonado para los especuladores, crítico con las nuevas vanguardias Paul Jordan-Smithharto  y harto de que despreciasen como anticuados cuadros de su esposa, desarrolló un plan para poner en evidencia los nuevos -valores- del arte, tratando de pintar y vender el cuadro más absurdo que se le pudiese ocurrir.
A pesar de que nunca había cogido un pincel, en apenas 20 minutos consiguió completar su primera "obra de arte". El cuadro, titulado "Exaltación", representa una aborigen con cara de gorila y de alguna remota cultura isleña agitando un plátano sobre su cabeza. En realidad quiso dibujar una estrella de mar pero no fue capaz de representarla. Tras pintar el cuadro, Jordan-Smith se inventó a su autor, el tuberculoso artista ruso Pavel Jerdanowitch, fundador del movimiento de vanguardia desombracionismo -bautizado así porque se vio incapaz de pintar sombras-, Convertido en el falso representante del ficticio pintor, introdujo su obra en los círculos artísticos de Nueva York, llegando a exponerla en la célebre galería Waldorf Astoria, a finales de 1925.
Esta exposición atrajo la atención de la crítica y ofertas de distintas galerías para  que el extravagante artista presentase una nueva obra. El engaño se alargó durante todo el año 1926. Después de que las obras de Jerdanowitch fueran seleccionadas para ser incluidas en "El Libro de Oro del Arte Moderno", Jordan-Smith desveló el engaño en Los Angeles Times.
Lo peor de todo es que, lejos de admitir la corrupción imperante en su negocio, los críticos afirmaron que el profesor Jordan-Smith había triunfado gracias a su "talento y ciertas dotes artísticas". Incluso recibió varias ofertas para seguir pintando. 
Más o menos contemporáneo suyo fue Bruno Hat, estrafalario sujeto que pintaba en la trastienda del comercio que regentaba su madre, en plena campiña inglesa, y que a menudo aprovechaba como soporte las alfombrillas del baño que se vendían en la tienda. Detrás de él se aguantaban la risa el escritor Evelyn Waugh y sus brillantes amigos.
La casa Sotheby´s acoge hoy en Londres la primera subasta de la obra de Nat Tate, un pintor neoyorquino que, como dice el catálogo, "ha alcanzado un estatus legendario". Según su biografía oficial, Tate se suicidó en 1960, arrojándose al Hudson desde el ferry de Staten Island, y su cuerpo jamás se recuperó. Tenía 31 años. También su arte estuvo a punto de perderse en las profundidades del olvido, pero lo rescató un libro publicado a finales de los 90 que reavivó el interés por su figura y sus cuadreos, además de desvelar detalles sobre su relación con artistas de más talento o mejor suerte, como Picasso y Braqe. Sonfiesen, ¿nunca habían oído hablar de Nat Tate? Cuando se editó aquel volumen que lo reivindicaba, el mundo entero del arte se encontraba exactamente en esa misma situación: nadie lo conocía de nada, pero prefirieron disimular y hacerse los entendidos, y mordieron así el anzuelo de una de las bromas más conseguidas de la historia de la cultura. Tate, el artista borracho que pintaba puentes, nunca existió.
Todo fue una creación del escritor británico William Boyd, que firmaba aquel libro de severo título: "Nat Tate: un artista americano". En él se dedicaba a repasar los recovecos de una biografía que, más o menos, todo amante del arte debería conocer, como se insinuaba claramente en algunos pasajes. Boyd relataba, por ejemplo, su propia visita a una galería de la calle 57, donde contemplaba sin demasiado interés bocetos de Warhol o Twombly, pero se quedaba impresionado por el dibujo del puente: "No necesitaba leer la etiqueta impresa para saber que era de Nat Tate", concluía el muy puñetero. En la obra se recogían supuestas declaraciones de Peggy Guggenheim -"era un gran amante", habría dicho la coleccionista, ya fallecida por aquel entonces- y se reproducían obras de Tate, pintadas por el propio novelista. La repercusión del artista, cuyo nombre resultaba de combinar dos galerías londinenses, la National y la Tate, culminó con una presentación por todo lo alto en su ciudad, Nueva York. Se celebró en el estudio de Jeff Koons, donde se reunión "quien es quien" de la intelectualidad local, incluidos ilustres como Paul Auster, Julian Schnabel, o bueno, Brad Pitt.
El cantante David Bowie, editor del libro y cómplice del escritor, leyó para los asistentes un extracto de la biografía. Ël mismo poseía, según explicó, un pequeño óleo de Tate que había comprado a finales de los 60. "La gente es como es y no quiere parecer ignorante ni desinformada: muchos hablaban abiertamente sobre Nat Tate, recordando con afecto aspectos de su vida y exposiciones a las que habían asistido, o reflexionando sobre su triste muerte prematura", recordaba William Boyd el domingo pasado en las páginas de The Guardian. La única persona a la que todo le sonó muy raro fue un periodista británico, David Lister, que fue preguntando a algunos críticos presentes en el acto si Nat Tate era conocido: "Menearon la cabeza con aire sabio y murmuraron: `No demasiado buen conocido.... no mucho... no tenía mucho nombre fuera de Nueva York... ya sabes, con los expresionistas abstractos, había un montón de seguidores...`". Al día siguiente, Lister se acercó a la calle 57 de la galería mencionada en el libro, pero también era pura ficción. Él fue quien descubrió el engaño al mundo, aunque algunas víctimas ni siquiera se inmutaron: "Bueno, existen tantos artistas reales malos que prefiero oír hablar de uno bueno que no existió", reaccionó, impertérrito, uno de los embromados.
¿Acaso eran buenos los cuadros que improvisó Boyd? Nunca quedará claro, porque la propia anécdota sobre su origen les ha dado cierto valor en el mercado: Sotheby`s espera obtener por la pieza subastada entre 3.500 y 6.000 euros, que se destinarán a fines benéficos. Los expertos de la casa calculan que hay dieciocho obras de Tate en circulación o en colecciones privadas, ya que, según la leyenda, el pintor lo quemó casi todo antes de quitarse la vida. La página correspondiente del catálogo, una lograda muestra del flemático humos inglés, describe el cuadro `Puente nº 114´con la misma seriedad que cualquier otro lote. analiza la "clara influencia" de Paul Klee en el dibujo infantil del puente y se detiene en lo que vuelve "particularmente rara e interesante" la obra, la técnica para reproducir el agua. "Se compone de huellas dactilares: el pulgar y el índice de Nat Tate mojados en tinta y presionados contra el papel. Estas marcas, únicas y personales, son lo más cerca que probablemente lleguemos a estar nunca de la presencia física del artista".
En los 40, causó revuelo en Estados Unidos otro artista misterioso, Naromji, que incluía en sus obras recortes de revista, tiza y esmalte de uñas. "Me senté y pensé qué era lo peor que podía hacer", explicaría después el verdadero autor, Jim Moran, un publicista recordado en el negocio por haber vendido un frigorífico a un esquimal de Alaska. 
Pero, sin duda, el caso más desquiciado fue el de Pierre Brassau, un vanguardista francés redescubierto en Suecia a mediados de los 60. "Es un artista con la delicadeza de un bailarín de ballet", se extasió un crítico ante las cuatro obras presentadas en una exposición colectiva en Goteborg. En realidad, Pierre se llamaba Peter y era un chimpancé del zoo, al que un periodista guasón había facilitado lienzos, pinturas y pinceles. Al principio Peter más interesado en comerse los colores, sobre todo el azul, pero después empezó a embadurnar aquellas superficies tan interesantes que le habían dejado en la jaula. El crítico que lo había puesto en las nubes no perdió la compostura al enterarse, no ya de su verdadera identidad, sino de su verdadera especia: "Sus cuadros -insistió con aplomo- eran los mejores de la exposición".



miércoles, 25 de marzo de 2015

34. Avelina Lésper Vs. arte contemporáneo


Publicado el 28 de diciembre de 2014 en La Vanguardia.

No fueron pocos los que se identificaron, hace un par de años con aquella, mujer de la limpieza de un museo alemán tan celosa de su trabajo que se empleó a fondo para "eliminar unas terribles manchas" que había en una de las obras expuestas. Ni se le ocurrió sospechar que formaban parte vital de la pieza de Wenn es anfängt durch die Decke zu tropen (cuando empieza a gotear el techo) del artista Martin Kipprnberger, valorada en 800.000 euros.El Museo Ostwald de Dortmund (cuyas primeras entradas en Google son sobre el suceso, superando a su web oficial), llegó a afirmar que "estamos intentando aclarar cuanto antes qué tipo de capacitación tiene el personal de la limpieza". La crítica de arte mejicana Avelina Lésper diría que esa pobre trabajadora de la limpieza, además de un gran sentido de la pulcritud, tenía también un gran sentido común. Lésper, colaboradora de diferentes medios de comunicación latinoamericanos y directora del programa de televisión El Milenio visto por el Arte, es una de las voces que más suenan en el arte contemporáneo, cuestionando desde los reay-made (el uso de objetos comunes como el urinario de Duchamp) a las perfomances efímeras.
- ¿Cómo definiría el arte contemporáneo en una palabra?
- Fraude
-Explíquese...
- Carece de valores estéticos y se sustenta en irrealidades. Por un lado, pretende a través de la palabra cambiar la realidad de un objeto, lo que es imposible, otorgándoles características que son invisibles y valores que no son comprobables. Además, se supone que tenemos que aceptarlos y asimilarlos como arte. Es como un dogma religioso.
- ¿Y por otro lado?
- También es un fraude porque está sostenido nada más que en el marcado, que es fluctuante y artificial en la mayoría de los casos. Se otorgan a las obras valores artificiales para que pienses: "si cuesta 90.000 euros es porque debe de ser arte", Estos precios son una burbuja, como existió la burbuja inmobiliaria.
- ¿Y pinchará?
- Se tiene que pinchar. Una torre de papel sanitario de Martin Creed cuesta 90.000 euros. El objeto no es lo importante, sino lo que tú puedes demostrar económicamente a través de su compra.
- ¿Y no pueden comprar Murillo o Picasso?
- No puedes especular con pintura antigua porque hay muy poca. En cambio, este tipo de obras se realizan en minutos, algunas se hacen en factorías.
- ¿No se podría especular con obra actual con valores estéticos?
- El arte toma tiempo. No hay manera de que Antonio López termine un cuadro... Por una parte, debes esperar a que el pintor o escultor haga sus obras. Por otra, el arte necesita talento, que el artista tenga algo que mostrar a través de su obra. Con el arte contemporáneo los artistas no necesitan tener nada.
-¿Puede poner algún ejemplo?
- Cuando Duchamp hizo ready-made evitó a todos los artistas el proceso intelectual. Cualquier objeto es arte, el que sea. Bajo este punto de vista, imagínate la cantidad de obras de arte que tú tienes. Todo tu entorno es factible de convertirse en arte. No tienes que esperar que ese artista se forme, demuestre su talento y que acabe aportando algo, lo que es terriblemente difícil. Otro ejemplo es Santiago Sierra con sus ready-made. Te dice: "Esto es un contenedor de mierda de la India". ¡Qué impresionante!
- Como mínimo piensan la definición...
- El crítico Arthur Danton dijo: "dejen que los filósofos pensemos en la obra, ustedes traigan sus objetos". Si pones como tema el contenedor de mierda, ya llegará el comisario que elabore el discurso y te hable de la miseria, de las últimas castas que recogen la mierda... hay toda una justificación social y moral. Si tú manifiestas que eso carece de valores estéticos, automáticamente te dicen que estás en contra del mensaje social. Es un arte chantajista, también. Utiliza este tipo de discursos para que lo aceptes como arte. Si no lo aceptas, o estáas en contra de él o eres un ignorante.
- La denuncia social se ha ido haciendo a lo largo de la historia del arte...
- Se ha dado, pero no como valor de la obra. Los Fusilamientos del 3 de mayo de Goya valen por la realización artística, porque su pintura fue trascendental y profundamente moderna en su momento. Y sigue siendo moderna ahora. Por eso vale una pintura de Goya, no por el discurso.
- ¿Se está confundiendo el arte con el mensaje?
- Ahora el arte solo es mensaje. No hay arte, solo hay panfletos. Estas obras no pueden existir sin los museos. Las obras, paradójicamente, se ven mejor en el catálogo que en vivo. Y ya no digamos con los artistas perfomance, que solo tienen el registro fotográfico de lo que hacen porque dicen que es efímero, aunque lo repitan 700 veces. Son obras que solo existen en los catálogos y a través de los discursos y la teoría que le ponen los comisarios y especialistas en estética. Son objetos de lujo, una nueva forma de consumo.
- A la mayoría de gente de a pie no le gusta el arte contemporáneo porque le resulta difícil de entender...
- Es que no hay nada que entender. Es un arte que te exige asimilarlo y no discutirlo, por eso también es dogmático. Te exige fe, que creas en e´l, no que lo comprendas, como las religiones. Quiere someter nuestro intelecto. Todo el tiempo quien se equivoca es el espectador, el artista y la obra es infalible. Si tú dices que carece de valores estéticos, de inteligencia, que no te propone ni aporta nada, entonces te dicen que eres un ignorante.
- ¿Quién decide qué es arte?
- Es una decisión arbitraria que se toma entre las instituciones, los museos, las universidades... Es un arte de la academia. Eso de que es independiente y libre es mentira.
- ¿Está subvencionado?
- Totalmente, no puede vivir sin las subvenciones del Estado. Es un arte parasitario. La mayoría de los artistas contemporáneos viven del Estado.
- ¿El público no pinta nada?
- No. Por eso es demagogia pura que digan que este arte tiene intenciones sociales y que manifiesta intenciones morales. Rechaza a la gente, que para ellos es ignorante. Este arte no vive de la gente, vive de las instituciones y la especulación.
- ¿Podríamos decir que refleja la sociedad actual?
- Es muy diferente reflejar que denunciar. Ellos parasitan la sociedad en la que viven, la regfleja mejor Madoff. Ambos son parte de la misma mentira social que ha creado el capitalismo a través de la especulación económica. El arte contemporáneo es una parte del fracaso capitalista.
- ¿Estamos huérfanos de arte?
- Si, porque no hay espacio para los artistas que sí están creando. ¿Qué muestra el Macba aunque esté vacío? En España hay muchos centros de arte contemporáneo que nacieron a la par que la burbuja inmobiliaria, para que te des una idea de cómo está el asunto. ¿Qué te puede aportar Jeff Koons que imita objetos de feria o cualquier ready-made? Ellos han hecho del material la obra. Ahora para decir guerra ya no tienes que pintar fusilamientos, ahora escribes la palabra guerra en un letrero. Eso es no tener pensamiento abstracto. Jamás el arte se había despojado tanto de las metáforas... El problema es que se está acabando con una capacidad cognitiva.
- ¿Nos quieren tontos?
- Exactamente ¿Y sabes por qué? Eso tiene detrás de sí lo más pedestre que te puedas imaginar, el dinero. Por eso es también un fracaso del capitalismo. Todo lo que se ha hecho por dinero en estas dos últimas décadas ha hecho un daño enorme a la Humanidad- Por dinero se destruyó la economía en Europa, la de Estados Unidos, tenemos el narcotráfico en América Latina... y por dinero están destruyendo el arte.
- ¿Alguna buena noticia vinculada al arte?
- (Ríe). Pues que nos henos dado cuenta, no estamos ciegos ante esto. Los que pintan ahora con maestría y técnica son los contrarrevolucionarios. Y esta resistencia inteligente y creativa es la que va a alimentar el arte.
- ¿Estos artistas no son vendibles?
- Claro, pero las galerías necesitan que estén amparados por las instituciones. Cuando el Reina Sofía dejó de comprar a Arco, Arco se fue a la quiebra.
- El Reina Sofía dejó de comprar a Arco y empezó a exponer Picasso...
- ... Y a Goya, para que la gente vaya...
- ¿Esto sería el inicio del cambio?
- Exactamente. Llega un momento en que las instituciones van a tener que escuchar a la población y dejar de trabajar para los intereses privados.
- ¿Qué piensa de artistas españoles contemporáneos como Tápies o Barceló?
- Barceló tiene unos dibujos y una acuarelas sensacionales. Tápies está sobrevalorado. Surgió porque el arte español empezó a verse huérfano de creadores y fue la oportunidad de encontrar a un tipo como Tápies, con un lenguaje y una creación limitadísima.
- ¿Ve mal el arte español?
- Lo del arte español es un fenómeno de análisis. Fue la cúspide del arte mundial, tuvo creadores que aportaron como nadie y ahora los artistas simplemente no existen. Y la crítica española está entregada y sumisa al sistema. ¿Cuándo España se dará cuenta que ha perdido su sitien en el arte?
- No es el único sitio que ha perdido...
- Pero es un factor muy delicado. El arte no nos sacará de la crisis, pero aporta humanidad.